Red de Análisis de la Seguridad Global

miércoles, 25 de marzo de 2009

El conflicto árabe-israelí: ¿una amenaza global?

Israel es un País en permanente estado de guerra al que atemorizan sobre todo tres amenazas: un ataque utilizando armas bacteriológicas, misiles nucleares bombardeando al pueblo judío o una coalición árabe con el suficiente poder militar como para invadir el antiguo Reino de David y Salomón.

Sin embargo, los judíos creen de veras que son el pueblo escogido por Dios por lo que su máxima es muy clara: sobrevivir a cualquier ataque, si bien, Dios no permitiría nunca que Israel desaparezca (o al menos es la esperanza que tienen); es más, pareciera que ciertamente sean el pueblo elegido para establecer la Alianza entre los hombres y el Dios de las tres grandes religiones, Javeh, como lo llaman los judíos, pues de todos los conflictos anteriores, Israel ha salido victorioso.

El primero fue justo después de ser proclamado el Estado de Israel por la Organización de las Naciones Unidas. Nada menos que cinco naciones árabes luchaban contra Israel: Egipto, Líbano, Siria, Irak y Transjordania y todos fueron derrotados. La trompeta de Dios con la que Josué conquistó Jericó volvía a sonar en Palestina.

Ahora bien, ¿cuál sería la situación actual de no haberse producido el ataque árabe? Porque, lo cierto, es que debido a esa guerra, Israel conquistaría más territorios de los que se le entregaron en un principio, si bien consideró que no debía devolverlos puesto que eran botín de guerra y no eran ellos los primeros que habían atacado, sino que se habían defendido contraatacando a su vez.

El caso es que seis años después, Egipto vuelve a la carga nacionalizando el Canal de Suez y prohibiendo a los barcos israelíes que lo utilicen. Británicos y franceses consideraron que sus intereses geoestratégicos estaban en serio peligro y apoyaron a Israel en una segunda guerra árabe-israelí. Sin embargo, la ONU intervino y las fuerzas en contienda se retiraron pero supuso el comienzo de la incursión soviética en la zona, que apoyaría desde entonces a Egipto mientras que los Estados Unidos respaldarían a determinados Países árabes, recelosos del poderío militar egipcio, pero sobre todo al Estado de Israel, al que desde entonces no ha dejado de ayudar en todos los aspectos (todavía hoy en día, Israel recibe de Estados Unidos más de mil millones de dólares anuales solo en material de diversa índole).

En 1967, se produce el tercer enfrentamiento entre Israel y los Países árabes, la llamada Guerra de los Seis Días, en la que los israelíes aplastan a la coalición árabe (Egipto, Siria y Jordania), conquistando aún más territorios: la Península del Sinaí, los Altos del Golán y las franjas de Gaza y Cisjordania. En este momento, el pueblo judío cree que el sueño largamente acariciado de un Gran Israel es posible (herencia del imperio formado por sus grandes reyes, Saúl, David y Salomón por el que Palestina debe ser sometida y con esta teoría contesto a la pregunta anterior de si Israel hubiera atacado o no a los Países árabes si éstos no lo hubieran hecho antes; es probable que los sectores más conservadores animaran a ello, más tarde o más temprano, por ese afán de recuperar el Imperio salomónico).

La Guerra del Yom Kippur entre Egipto-Siria e Israel en 1973 se salda con una victoria incierta de los israelíes que sin embargo han comprobado que los árabes están aprendiendo poco a poco a combatir al ya todopoderoso Estado judío. En ese momento, en Oriente Medio, se considera a Israel invencible por lo que la incursión de los egipcios más allá del Canal de Suez y de los sirios reconquistando los Altos del Golán destruye ese concepto de invencibilidad o por lo menos la imagen de una defensa militar israelí inexpugnable. El contraataque hebreo obliga tanto a sirios como a egipcios a replegarse. Los efectos del conflicto sacudieron a la economía mundial al causar una importante subida del precio del petróleo lo que provocó la gravísima crisis energética mundial de 1973. Israel se haría aún más dependiente de USA pero también se vería, poco después, algo impensable tan solo unos años atrás: la alianza entre Israel y Egipto que dura ya más de treinta años y que todavía en la actualidad resulta efectiva, como se ha podido comprobar en el reciente ataque israelí a la Franja de Gaza y a Hamas, haciendo de intermediario para el alto el fuego y las negociaciones, precisamente, el Gobierno egipcio. Este fenómeno sería posible gracias al giro que dio a su política exterior el presidente Sadat y su acercamiento a Estados Unidos. Gracias a esta política de buena vecindad, Israel devolvería el Sinaí a Egipto en 1979.     

Dos años más tarde, el principal enemigo de Israel pasa a ser Irak, puesto que Egipto es ahora un aliado (relación que condenan muchos islamistas que consideran al Régimen egipcio como apóstata por traicionar al Islam aliándose con Israel).

El 7 de junio de 1981, Israel destruye las instalaciones nucleares de Osirak (nombre derivado de Osiris, el tipo de reactor e Irak= Osirak) utilizando ocho aviones de combate F-16 Falcon y escoltándolos otros seis F-15 Eagle.

El Gobierno irakí se quedó petrificado y el resto de Países árabes temieron instalar reactores nucleares aunque no fuera con fines bélicos, por miedo a la reacción de Israel.

Sin embargo, las IDF no atacaron Irak porque les apeteciera o para demostrar que eran la principal potencia en la zona, sino porque los servicios secretos israelíes y sus analistas sospechaban de Sadam Hussein y sus intenciones “científicas” con respecto a la energía atómica.

Hussein estaba interesado en adquirir un reactor de gas grafito, el cual puede producir plutonio (su elevado coste parecía no importar a Sadam).

Ya se había comprado un reactor de testeo de materiales de 70 megavatios, lo que encendió las alarmas hebreas puesto que Irak no produce reactores de electricidad como para una adquisición de esas características.

El reactor atacado por la fuerza aérea israelí era abastecido en un 92% de uranio enriquecido pero además Irak había comprado, hacía muy poco tiempo, 250 toneladas de uranio natural y por si lo anterior era poco evidente de por donde iban las verdaderas intenciones irakíes, los israelíes descubrieron también que Sadam Hussein compró células calientes para simuladores de separación de plutonio.

El Gobierno de Israel ya no necesitaba más pruebas: Irak se preparaba para construir bombas atómicas y si lo conseguía, el primer objetivo sería Israel y una vez anulado este enemigo, utilizaría su poder para relevar al Estado judío como potencia hegemónica en Oriente Medio.    

Israel había conseguido mantener el respeto que se le tiene en la zona por su potencial militar gracias al ataque a “Osirak”..

En 1982, los israelíes consideran que deben llevar a cabo un nuevo golpe de mano para mantener esa supremacía que ostentaban desde hacía 25 años: deciden invadir Líbano.

Irak deja de ser una amenaza puesto que libra una guerra con su vecino Irán e incluso muchos judíos rezaban para que se destruyeran entre ellos y de este modo quedaran eliminados del todo pero otro peligro acecha como nunca antes lo había hecho a pesar de los atentados de los años 70: el terrorismo palestino.

Ya en la década de los 90, Irán (que ha quedado en tablas con Irak), mira de cerca tanto a su belicoso vecino Sadam Hussein como a Israel que sigue realizando incursiones en Líbano siempre que le place. La excusa israelí son las bases que Hezbollah tiene en el sur del Líbano, y ciertamente así era y sigue siendo hoy en día. La Bekaa es un refugio de terroristas por lo que ha sido objetivo israelí en numerosas ocasiones y aunque el Estado árabe con mayores intereses en Líbano era entonces y sigue siendo Siria, es sabido que Hezbollah ha recibido un gran apoyo y recursos de sus socios iraníes.

Para los iraníes y para la gran mayoría de los musulmanes, Israel sencillamente no existe. En sus mapas escolares, lo que aparece en el lugar de Israel es Palestina.

En la actualidad, después de los regímenes de la Península Arábiga, el más fundamentalista es el de Irán, pero a diferencia de Siria o Irak, el Irán de hoy no es el de hace 25 años. Irán es la segunda potencia de la zona y su verdadera capacidad bélica no es conocida del todo. De momento, no tiene un único reactor nuclear, como el irakí de Osirak, sino varios. Israel ya no podrá contar más con el factor sorpresa puesto que la prensa enseguida se haría eco (es lo que tiene vivir en el siglo XXI, el de la revolución de la información).

Irán ya no está en guerra con Irak ni le preocupa ningún vecino puesto que no tiene enemigos entre ellos. Sus aliados son poderosos, caso de Rusia y está creando un eje internacional, con Venezuela en América y Corea del Sur en el Este de Asia, verdaderamente temible y sus reservas energéticas son impresionantes.

Por otro lado, los misiles Shiab 4, la última innovación tecnológica militar con la que se ha hecho Irán, le permite apuntar dichas armas prácticamente a cualquier País europeo o asiático.

Es verdad que Israel cuenta con un escudo antimisiles eficaz y nada menos que una estimación de casi 300 misiles nucleares (aunque Israel siempre lo ha desmentido), suficiente para ahuyentar al más valiente pero sabe que la superioridad convencional está cada vez más en entredicho: desde luego, el ejército iraní no es el irakí ni el de los años 80.

Debido sobre todo a los Shiab 4, la Unión Europea ha permitido que Estados Unidos continuara adelante con su escudo anti-misiles en Polonia y Chequia para defender Europa de un posible ataque iraní. Además, el presidente Obama ya ha manifestado su intención de dialogar con el presidente ruso, Medvedev, sobre el rearme iraní y encontrar un modo de evitar que Irán continúe con su programa nuclear y su adquisición de nuevas armas y material de combate.

En la 45ª Conferencia sobre Seguridad de Munich, este mismo año 2009, el vicepresidente de USA, Joseph Biden, dijo que “ha llegado el momento de apretar el botón para volver a empezar y ver las muchas áreas en las que podemos y debemos colaborar con Rusia”.

Obama es consciente de que si se produce un nuevo conflicto en Oriente Medio, se tratará de una guerra que terminará por desestabilizar la economía mundial y, sobre todo, a los Estados Unidos ya que no podrán mantenerse al margen puesto que los iraníes desplegarían sus misiles en el caso de que Israel les atacara y los Shiab irían dirigidos hacia todos los objetivos posibles para intentar, a la desesperada, desorientar a los aliados occidentales y hablamos de unos 70 misiles por lo que se impone una política común ruso-norteamericana al respecto.

La actual Administración americana intentará un acercamiento a Irán, del mismo modo que se hizo hacia Egipto en los años 70. Aquello funcionó y supuso la paz entre Israel y el Egipto de Sadat. ¿Por qué no puede ocurrir lo mismo con Irán? De momento, el Departamento del Estado está considerando reabrir su Embajada en Teherán, cerrada tras la revolución iraní del Ayatolah Jomeini e incluso se pretende involucrar a Irán en proyectos comunes, pero este País continúa enriqueciendo uranio y lanzando proclamas, desde el mismo Gobierno, para destruir a Israel.

El otro gran enemigo actual de Israel es Siria, aliada de Irán y que no hace mucho sufrió un ataque israelí contra un reactor nuclear que estaban construyendo. Pero Siria es un objetivo fácil; ahora bien, Irán cuenta con su propio escudo antimisiles y una considerable fuerza aérea. Por otro lado, las instalaciones nucleares iraníes son subterráneas y muy profundas, en previsión de posibles ataques.

El norte de Israel sería atacado desde Líbano por Hezbollah y es más que probable que se les uniera Hamas en el sur, mientras el ejército iraní avanzara hacia Israel a través de Siria y Jordania (aunque esta última sea aliada teórica de Israel hoy en día), Países que no se atreverían a llevarle la contraria a Irán.

Un nuevo conflicto Israel contra Siria-Irán, remataría la situación crítica por la que atraviesa la economía mundial puesto que se reviviría la crisis energética de la segunda mitad de los 70 ya que una cuarta parte del petróleo mundial se transporta por el Estrecho de Ormuz, controlado por Irán y si Estados Unidos enviara su flota del Índico a la zona, Irán también sabría como responder con sus misiles de medio alcance.

La otra gran preocupación mundial es el terrorismo yihadista. Sin duda, un ataque contra Irán activaría una ola de atentados contra Occidente como no se ha visto hasta el momento, puesto que se cree que Hezbollah mueve más recursos materiales y económicos que la mismísima al-Qaeda, aparte de que ésta última cuenta entre sus filas tanto con shiíes como con sunníes y aprovecha cualquier excusa para atacar objetivos occidentales.

Pero si además cuentan con las bendiciones del Régimen iraní, el daño puede ser mayor. Aladín Borujerdi, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento iraní, dijo en el mes de enero de 2008: "Si la película es emitida se levantará una oleada de odio popular que será dirigido directamente contra cualquier gobierno que insulte al islam". Se refiere a una segunda parte del cortometraje “Submission” de Theo van Gogh, el cineasta holandés asesinado por extremistas islamistas que consideraron que había insultado al Islam al mostrar a una mujer musulmana hablando de abusos de hombres de su entorno, incluidos familiares, como parte de una tradición islámica de sometimiento de la mujer al hombre.  

Como vemos, Irán es una verdadera amenaza si no se llega a un diálogo sincero y honesto con su Régimen, abriéndose éstos al Mundo con las debidas garantías. Esperemos que los planes de Barack Obama hacia Oriente Medio funcionen y veamos por fin la paz en la zona, una tierra milenaria, cuna de las grandes religiones mundiales, las cuales tienen un mensaje común basado en la paz y la solidaridad y en cambio ha sido la religión, precisamente, el principal motivo de disputa y conflicto. 

El problema añadido es que el nuevo Gobierno de Israel cuenta con elementos ultraconservadores como Avigdor Lieberman, líder de la formación política "Israel Beytenu" que ya ha mostrado su exacerbado racismo antiárabe anteriormente. ¿Hasta donde llegará la paciencia de Israel con Irán? Por otro lado, evidentemente, si Israel es atacado, tiene derecho a defenderse; hasta aquí vale, ahora bien, esta no es la verdadera cuestión, sino el modo en que se defienda.

En definitiva, se están dando una serie de circunstancias que están subiendo la temperatura de la olla a presión en la que se ha convertido Oriente Próximo. Basta con que alguna de las partes u otra que no sea visible en este difícil escenario pero actúe desde la sombra no libere el vapor condensado a través de la válvula de escape y el estallido no será, únicamente, un nuevo conflicto árabe-israelí sino que es probable que tenga consecuencias globales, como cualquier evento hoy en día, sea de la ìndole que sea. 

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Hada, para la Revista virtual sobre seguridad internacional SAFE WORLD

 

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